viernes, abril 29, 2011

UN HADA BAJANDO DE UNA COMBI


¿Por que no podemos ver hadas o mundos fantásticos? ¿Acaso por que no existen?
Hans Rothgiesser tiene otra explicación: por que nosotros somos también otro grupo de seres fantásticos, solo que acostumbrados a nuestra magia, y somos la peor de esas civilizaciones fantásticas, por eso estamos segregados, excluidos de relacionarnos con las demás, aunque eventualmente, nuestra cuidad de Lima sea recorrida secretamente por esos otros mundos que nos temen.


Ya son unas semanas de haber terminado el libro de Hans Rothgiesser, su recuerdo se a hacendado ya en mi memoria, relacionándose y comerciando un lugar con las demás, y como diría Borges, pasando a ejercer su rol preciso en la economía de mi universo, y como en toda lectura activa se a teñido un poco de mi mismo. Pues la mitad de un libro es merito o culpa del lector. Y cuando se volvió un recuerdo va debiéndome o reprochándome más y más cosas.
Es notable el espacio que ocupa este recuerdo por lo variado y amplio de los lugares que ocupo el mundo de el Heraldo en la Barca, y la multitud de personajes , que aparecen unos tras de otros, cada uno con su personalidad y características propias, y casi todos con un mundo propio del que son ellos la única muestra.

A la distancia lo evoco algo así como si un mundo de fantasía se hubiera varado en nuestra ordinaria ciudad, luego de un accidente telúrico-marino y en esa marisma se hubiera devuelto el cuerpo aún vivo pero enfermo del mas raro ejemplar mítico : un humano.
En Blade Runner la androide recuerda recuerdos insertados en ella, leer es insertarse un mundo mental ajeno en uno. Por eso hay que escoger con cuidado lo que se lee, y por eso es muy acertado leer el Heraldo en la Barca.
Ese ancho y complicado mundo fue entrando de a pocos en mi mente, fue uno de esos solitarios placeres rodeados de gente, leyendo en los micros y combis el Heraldo en la Barca , nombre misterioso que solo entendí al final, ese libro convirtió el tiempo vacio en los pormenores de un universo mas grande, que incluía el mío. La doctrina platónica dice que no aprendemos sino que solo recordamos, así que en esos lugares recordé a un hada bajado de una combi, y caminado por la calle que quizás estaba frente mío. A un triste profesor jubilado, al que creo me pareceré mucho en unos años y al leer sobre el Heraldo, Bastian, sentí físicamente la sensación de reconocer a alguien. Extrañamente es el personaje mas ambiguo y del que menos se revela, por lo menos directamente en el libro y es eso lo más fascínate, y más que por lo que se dice, por lo que se calla (parafraseando a Wittgestein)
Uno lee para poder experimentar algo que de otro modo no experimentaríamos. Lo que me atrajo a leer este pedazo de mi memoria ahora, era esa mescla del mundo fantástico y la Lima cruda, la combinación de las dos cosas más ajenas, por uno el mundo de otras anatomías y leyes físicas y por otro lado la concreta y cercana Lima, esa audacia me atrajo y perturbo, como la inminencia de la caída en una montaña rusa, y como toda cosa nueva cuesta acomodarse a ella. Pero ¿que otra cosa puede atraer a los exploradores intelectuales?
Hace años extrañando Lima, hable a unos extraños sobre mi anhelo de esta cuidad y dije que Lima era como un inmenso laberinto en que los Limeños aprendimos a no perdernos, pero que cualquiera otro se perdería, que Lima era tan grade, desconocida y rara que si se buscaba bien uno podía encontrar hasta un unicornio. Agregue teatralmente que Lima era todo y era nada.
No sabía que en lo remoto, y en paralelo a mis palabras y emociones de esa noche, un libro existía y me esperaba en un preciso anaquel de una librería cerrada, para hacerme saber mucho después, perdón recordar, que eso era cierto.
Luis Arbaiza
http://luisarbaizaescalante.blogspot.com/

“El Heraldo en la barca” está a la venta en las librerías Crisol, El Virrey, La Casa Verde, La Familia, Ibero y Zeta Bookstore, entre otras.




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